
Nuestro cerebro es capaz de regalarnos sensaciones de placer que nos hacen sentir vivos y llenos de energía. Pero cuidado, hay que ir más allá de las superficialidades: lo que brilla no siempre es oro.
El sendero del autodominio nos permite distinguir entre las gratificaciones pasajeras y la paz durara que emana de nuestro interior. La ciencia nos habla de sustancias como la dopamina, que activan nuestro centro de recompensas e impulsos. Pero no nos dejemos seducir por lo que se desvanece rápidamente. Enfoquémonos en nutrir nuestro espíritu y no el ego. Sólo así encontraremos el equilibrio entre disfrutar la vida y no ser esclavos de impulsos pasajeros.
Actividades placenteras como el sexo, la comida o el ocio pueden inicialmente liberar dopamina en nuestro cerebro, provocando euforia y sensaciones de recompensa. Pero neurocientíficamente se ha comprobado que perseguir repetidamente ese pico dopamínico genera insatisfacción y compulsividad.
La dopamina activa las vías neuronales del placer, impulsándonos a alcanzar metas y satisfacer antojos. Pero sus efectos son fugaces, no duraderos. Por más dopamina que obtengamos, siempre anhelamos más, como una droga adictiva que nunca llena el vacío interno. Revisar incansablemente las redes buscando aprobación, ver series sin control, comer en exceso alimentos nocivos, beber regularmente alcohol o incluso buscar conflictos para descargar adrenalina, pueden también darnos ese pico dopamínico efímero. Pero nos mantiene luego más insatisfechos, perpetuando el ciclo de búsqueda obsesiva de placer y recompensa.
Debemos tomar consciencia de estas trampas sutiles. La moderación y el enfoque en valores elevados, no en antojos del ego, son claves para alcanzar la libertad, la paz y una dicha genuina y duradera.
La dopamina es una falsa promesa de felicidad. Nos eleva rápidamente para luego dejarnos vacíos, necesitados de otra dosis. Es una montaña rusa que nos marea pero nunca nos lleva a algún destino.
Debemos hacernos cargo y no dejar que nuestro cerebro nos controle. No somos esclavos de nuestra bioquímica ni de sus impulsos. Podemos elegir enfocarnos en aquello que realmente alimenta nuestra alma, como por ejemplo: las relaciones profundas, el crecimiento personal, las metas en coherencia con nuestros sentimientos.
Cuando cultivamos la comprensión, cuando expresamos amor, cuando nos reconciliamos con nosotros mismos en la meditación, se liberan sustancias aún más sublimes como la serotonina y la oxitocina. Éstas no producen un pico fugaz sino un estado de paz duradera, de conexión, de plenitud interior.
No nos dejemos arrastrar por los caprichos de nuestra química cerebral. Somos dueños de nuestro destino. Busquemos estados elevados de conciencia, donde la dopamina se integre sin esclavizarnos. SEAMOS LOS ARTÍFICES DE NUESTRA VERDADERA PAZ Y PLENITUD. Sumemos consciencia, hagámonos responsables y démonos cuenta que NUESTRO CEREBRO NOS DA DOPAMINA Y DESPUÉS NO SE HACE CARGO.
Ariel Baldellon 🧙🏻♂️